He leído: Mantícora, de Robertson Davies


Después de leer hace un par de meses _El quinto en discordia, _primer libro de la Trilogía de Deptford, he decidido leer el segundo libro de dicha trilogía: Manticora.

Este libro me ha gustado aún más que el primero, y no creo que tarde en completar la trilogía.

Si la primera parte de la trilogía trababa sobre la historia, ésta trata sobre el mito, la tercera parte tratará sobre la magia.

La misteriosa muerte del magnate canadiense Boy Staunton -al que han encontrado ahogado dentro de su coche en el fondo del puerto de Toronto- ha trastornado a su hijo David, quien al contrario que la policía, está convencido de que su padre fue asesinado. Decidido a librarse de su obsesión, David viaja a Zúrich para psicoanalizarse en el Instituto Jung.

Mi nota: un 5 sobre 5

La misteriosa muerte del magnate canadiense Boy Staunton -al que han encontrado ahogado dentro de su coche en el fondo del puerto de Toronto- ha trastornado a su hijo David, quien al contrario que la policía, está convencido de que su padre fue asesinado. Decidido a librarse de su obsesión, David viaja a Zúrich para psicoanalizarse en el Instituto Jung. Obligado por los psiquiatras a indagar en su memoria, David irá sacando a la luz una extraordinaria galería de personajes y recuerdos que le permitirán enfrentarse con sus propios demonios y, sobre todo, con la memoria de su padre. Aunque puede ser leída de manera independiente, esta novela constituye la segunda parte de la Trilogía de Deptford, tras El quinto en discordia. Esta vez Davies se adentra en las regiones más profundas de la mente humana, en aquellas donde se agazapan nuestros monstruos.

A través de los laberínticos túneles de la historia, el mito y la magia, la Trilogía de Deptford proporciona un estimulante antídoto contra un mundo donde, por decirlo en palabras del autor, «el miedo, el terror y el esplendor de lo maravilloso han desaparecido»

Tras el fabuloso comienzo de la trilogía de Deptford, “El quinto en discordia”, Robertson Davies dio una vuelta de tuerca impresionante con “Mantícora”, el segundo volumen de la obra. Si en la primera parte era Dunstan Ramsay quien narraba la historia de su relación con Boy Staunton y las vicisitudes que sufrían algunos habitantes del pueblo, ahora es David Staunton, el primogénito de Boy, quien narra sus experiencias vitales a una psiquiatra en su consulta de Zúrich.

Tras el fabuloso comienzo de la trilogía de Deptford, “El quinto en discordia”, Robertson Davies dio una vuelta de tuerca impresionante con “Mantícora”, el segundo volumen de la obra. Si en la primera parte era Dunstan Ramsay quien narraba la historia de su relación con Boy Staunton y las vicisitudes que sufrían algunos habitantes del pueblo, ahora es David Staunton, el primogénito de Boy, quien narra sus experiencias vitales a una psiquiatra en su consulta de Zúrich.

Algo tan aparentemente trivial como es un tratamiento psicológico se convierte en un despliegue literario de inventiva e inteligencia; Davies tiene una facultad asombrosa para imbricar los más diversos temas dentro de su narrativa, por lo que las sesiones a las que se somete David tienen una verosimilitud que, de puro realista, impresiona. Uno rara vez ha tenido entre manos una novela en la que la sensación de verosimilitud, de que lo que está ocurriendo pudiera darse en la vida real, sea tan lograda; puede que haya obras en las cuales esa realidad se consiga mediante una representación fiel (y formal) de lo que se tiene ante los ojos, pero es muy difícil recrear esa sensación mediante una creación imaginativa. Robertson Davies lo hace con una facilidad envidiable, con una escritura sencilla, de apariencia plana, pero cargada de matices.

Las confesiones terapéuticas de David sirven para fraguar la historia de los Staunton desde el punto de vista privilegiado de uno de sus miembros. El Boy Staunton que aparecía en “El quinto en discordia” como un hombre hecho a sí mismo, aunque carente de escrúpulos, se revela aquí como un empresario feroz, pagado de sí mismo, características propias de un personaje de ese jaez, pero también como una persona inteligente, emprendedora, preocupada por las mejoras que su potencial pueda otorgar a su país.

Como ocurría en el primer volumen, el personaje central de “Mantícora” se enfrenta a un desequilibrio interno que afecta a todos sus actos. David Staunton admira a su padre, le toma como ejemplo de lo que un hombre puede llegar a hacer si dispone de una energía sin límites y un coraje emprendedor; no obstante, la figura paterna termina por ahogar al hijo, cuyos pasos en su adolescencia terminarán por alejarle del todo de lo que Boy esperaba de él. La vuelta de tuerca de Davies en la novela es muy sutil: la terapia a la que se somete el protagonista a raíz de la muerte de su padre no sólo sirve para que el lector «descubra» al verdadero David, sino para que la figura de Boy Staunton gane en profundidad, añadiendo estos detalles a los que ofrecía Dunstan Ramsay en “El quinto en discordia“.

Muy pronto nos damos cuenta de que la muerte del magnate canadiense es simplemente la excusa de la que se sirve Robertson Davies para escribir una novela (tres, a decir verdad) que encare las luchas que todo ser humano sufre en su interior. Si en el primer libro era el profesor Ramsay el que, mediante una confesión de su puño y letra, se nos mostraba como un hombre dividido entre su abnegación (por la madre de Paul Dempster, por sus alumnos) y su desafección ante el mundo, “Mantícora” pone en la picota a los Staunton, una familia de personajes desgraciados: ricos, pero cargados de frustraciones personales. La verdadera maestría del autor se vislumbra cuando los demonios interiores salen a relucir, cuando nos damos cuenta de que David se ha convertido en un profesional reputado y adinerado sólo para huir del fantasma de su padre; Robertson Davies consigue sacar a la luz, mediante el recurso de recrear unas sesiones de terapia psicológica, los miedos, los deseos, las culpas y los remordimientos del protagonista; todo de una forma muy sutil, mediante pequeños avances casi imperceptibles a lo largo de la lectura, pero que están ahí, hábilmente ocultos entre las páginas.

Cabe resaltar una pequeña fisura en “Mantícora”: dado que el libro se inserta en una trilogía (esto es, un proyecto de mayor alcance en tanto proyecto literario) resulta algo cogido por los pelos el presentar como personaje protagonista a David, ya que su importancia personal se diluye en la trama general, la muerte de Boy Staunton (si bien, como ya he comentado, esa trama es apenas un reclamo o añagaza para hablar sobre otros temas bien diferentes), sin que resulte especialmente reseñable su aparición. De hecho, en “El quinto en discordia” apenas se le menciona, y en “El mundo de los prodigios” ni siquiera aparecerá. Aun con todo, el desarrollo de la novela es tan soberbio en cuanto a la estructura, que incluso estos detalles pasan desapercibidos.

Será en “El mundo de los prodigios”, no obstante, donde descubramos el porqué de la muerte del magnate y su importancia en la trama de esta trilogía de Deptford.

(de solodelibros)

 
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